Los
antecedentes de nuestra Obra se remontan al verano de 1931.
Eran tiempos algún tanto azarosos en los que surgía
la preocupación del suburbio.
Nosotras
frecuentábamos la Iglesia de San Buenaventura y no
nos conocíamos unas a otras pero la chispa encendida
por el Padre Ignacio prendió y nos plantamos en Amate.
Amate
fue en sus orígenes una barriada de alubión
a donde afluyeron todas las chozas, chamizos y tugurios que
existían en Sevilla por los tiempos de 1931. Fácilmente
se comprende la magnitud de los problemas sociales y religiosos
que plantearía una barriada de estas características.
Nosotras
quisimos ir sencillamente pero sin disimulos, con el crucifijo
temblando en el pecho. Las buenas gentes nos recibieron bien.
¿Qué
hicimos en Amate? Pues de todo un poco; tomar la medida a
los niños y niñas para hacerles ropa, llevar
los ingredientes para preparar pucheros, adoctrinar a los
niños para el bautismo, instruir a las parejas de novios
con charlas prematrimoniales, etc. En suma, hacíamos
el bien según la corta medida de nuestras posibilidades
pero no según lo desmedido de las necesidades. Era
conmovedor el cariño con que poco a poco nos iban acogiendo.
Pero
Amate quedaba demasiado lejos del casco urbano de Sevilla
y por otra parte las escuelas oficiales más próximas
eran escuelas sin crucifijo y sin catecismo. Por eso alquilamos
unos amplios almacenes junto a la Cruz del Campo y después
de laboriosas gestiones obtuvimos la autorización oficial
para el funcionamiento de unas escuelas, presididas por el
Crucifijo naturalmente.
Llegamos
a tener hasta 200 niñas matriculadas y estaban tan
poco acostumbradas al orden y a la disciplina que las maestras
se veían incapaces de dominarlas, pero nos querían,
nos querían a su manera.
Aquí
es donde aprendimos prácticamente que educar no es
solamente enseñar, educar es hablar, actuar, pero sobre
todo es ser. Ser lo que se debe ser, realizar en sí
mismo un ideal, irradiar serenidad y gozo, constituirse en
modelo vivo y palpitante.
Estábamos
muy satisfechas de nuestro colegio ya que gracias a una maestra
se había logrado lo que en un principio nos había
parecido casi imposible, el orden y la disciplina. Pero pronto
advertimos que cinco horas de colegio era muy poco para neutralizar
y superar diez y nueve horas de choza.
Ante
esto comprendimos que teníamos que hacer algo y que
ese algo tenía que fundarse sobre la base de la completa
separación de sus familias. Las cosas empezaron con
la fundación de una colonia veraniega en Villanueva
del Ariscal, pueblo próximo a Sevilla, con buenas comunicaciones,
sano y acogedor. Las niñas disfrutaban, aprendían,
pero era lo mismo: unos meses no podían con todo un
año. Luchábamos en una inferioridad de condiciones
aplastante.
Por
fin nos decidimos, lo pensamos bien, comprendimos que teníamos
que abandonar nuestras casas, dejarlo todo y no había
más solución, era preciso instituir un colegio
con internado y separar totalmente a las niñas del
ambiente desmoralizador en que vivían. No bastaba una
escuela, era necesario un hogar, una casa.
Así
fue cómo las cosas se fueron complicando: 1.º
contactos ocasionales en Amate, 2.º escuela externa en
la Cruz del Campo, 3.º colonia veraniega de Villanueva
del Ariscal y 4.º colegio hogar en Villanueva del Ariscal
en el que actualmente seguimos.