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Desde
nuestra fundación nos hemos amparado en el patrocinio
de San Antonio de Padua, o de Lisboa, si se prefiere.
Después de todo, él nació en Lisboa
y murió en Padua. Tal vez, el haberle elegido
como nuestro protector se deba a nuestra relación,
siempre muy estrecha con la Orden Franciscana, aunque,
bien mirado, nos inclinamos a creer que la iniciativa,
más que nuestra, fue del propio Santo. |
Nosotras
nunca nos hemos arrepentido de haberlo elegido como nuestro
Abogado, si es que realmente lo elegimos nosotras a él.
En cuanto a él, confiamos que no le hallamos dado demasiados
quebraderos de cabeza, aunque estamos seguras de que le hemos
dado bastante trabajo. Aquí hay trabajo para todo el
mundo y nos hemos metido en tales berengenales que tenemos
la impresión de haberle obligado a hacer horas extraordinarias.
Él tiene la culpa por meterse a arreglar cosas que
no tienen arreglo.
San
Antonio es uno de los Santos más populares entre el
pueblo cristiano. Es el Santo de los niños y de los
jóvenes, el Santo de las mocitas casaderas, el Santo
del Niño Jesús en sus brazos, el Santo del lirio
que aparece en él como un símbolo de pureza.
Es también, nada menos que Doctor de la Iglesia con
el bello título de Doctor Evangélico, es decir,
el enseñador del Evangelio y, ¿qué pretendemos
nosotras sino eso: enseñar el Evangelio?, pues queremos
llevar el Evangelio al corazón de nuestras niñas.
San Antonio es el Santo del Pan de los pobres y nosotras sabemos
que no sólo de pan vive las niñas, pero... también
de pan y queremos darles pan. Pan y Evangelio; Evangelio para
el alma y pan para el cuerpo. San Antonio es el Santo de los
milagros.
Vivió
en este mundo poco más de treinta años y tuvo
tiempo para todo, hasta para hacer innumerables milagros.
El hecho es que aparece como el Santo de todo el mundo y así
es llamado en muchas partes y por mucha gente. La gente sencilla
suele recurrir a él como quien habla de tú a
tú con un intelocutor vecino, con un amigo de confianza
y en esos diálogos se mezclan peticiones, desahogos,
comentarios de actualidad, anécdotas, etc. No es un
Santo solemne y mayestático, es por decirlo de alguna
manera gráfica, un Santo para andar por casa.
No
queremos terminar estas líneas sin decir que seguimos
con el acreditado, aunque no patentado, sistema de los papelitos
enrollados en la mano del Santo. Cuando hay una necesidad
colectiva que apremia o estamos ante una situación
especialmente delicada, ponemos en la mano del Santo la súplica
de todas. Siempre lo hemos hecho así y tenemos maravillosas
razones para seguir haciéndolo. La verdad es que ante
el acoso termina rindiéndose. Subsistimos. ¿No?